Río Secreto, un Viaje al Centro de la Tierra Maya. PARTE 2
Por Melissa Bañuelos
Descendimos unos cuantos metros hasta llegar a una cámara que parecía la entrada del centro de la tierra. Nos sentamos sobre algunas rocas, con tanto cuidado como si estuvieran hechas de cristal, y así evitar cualquier daño a este espacio tan perfectamente diseñado por el correr de millones de años. Percibíamos de vez en cuando algunos aleteos de murciélagos sobre nuestras cabezas y olíamos el resultado de una mezcla de humedad y pureza, mientras escuchábamos atentos la explicación del delicado proceso de formación de grutas como esa.
No pudimos contener nuestro asombro al ver la primera de las tantas galerías que esconde el subsuelo. El suelo es de un blanco aperlado por la cantidad de calcio que alberga, y está cubierto por agua tan cristalina que ni siquiera se distingue el punto exacto donde termina el área seca. Sus senderos no son peligrosos ni profundos, muy rápido te haces parte de este mundo prístino y te acostumbras a caminar y nadar tan delicadamente como sea posible.
Tanto el suelo como el techo interminable de cada cámara, están llenos de espeleotemas que aún están vivas y que lentamente se siguen moldeando a través del tiempo. La filtración de los minerales a través de la lluvia que corre por el subsuelo y las enormes raíces de los árboles que penetran los resquicios de la gruta y que se alimentan del agua subterránea, permiten que un lugar como este, sea el maravilloso reflejo del mundo exterior. Parece que algunas formaciones estuvieran salpicadas con polvo de estrellas y que el agua de los cenotes fuera realmente sagrada. El explorador de Río Secreto fue muy atinado al decir que el lugar que por breves momentos nos pertenecía, era un “atajo a la luna, una joyería de plata y oro”.
Había toda clase de formaciones rocosas de todos los tamaños, colores y texturas posibles: estalactitas, estalagmitas, columnas, murallas; de pronto aparecían también candelabros, cortinas y escalones, como si fuera un palacio perfectamente diseñado para recinto de dioses mayas. Estábamos en un lugar más allá de la tierra, o mejor dicho, muy dentro de ella. Por momentos escuchábamos el respiro del planeta, el sonido de las goteras naturales, ecos profundos que llenaban nuestra mente de paz. Después vimos un ojo de luz no muy lejos de la última galería, sabíamos que nos dirigíamos de nuevo a la superficie.
Al final de esta mágica travesía, cuando los rayos de sol volvían a calentarnos lentamente, de tanto oxígeno que había llenado nuestro pulmones distinguimos el aroma de cada ser vivo, inhalábamos al mismo tiempo que nuestra amada Tierra y que todo lo que en ella respira; y de tantos tonos satinados y blancos, percibimos con agudeza los mil verdes de todo lo que nos rodeaba.
FIN
Río Secreto, un Viaje al Centro de la Tierra Maya. PARTE 1
Por Melissa Bañuelos

Muy cerca de Playa del Carmen y de Cancún se encuentra una de las obras de arte mejor guardadas por la naturaleza. Río Secreto, es una gruta subterránea que pareciera haber sido construida directamente por los dioses mayas y que mi equipo y yo tuvimos el placer de explorar hace un par de semanas.
El día era perfecto para comenzar una aventura que hasta ese momento, no imaginábamos sería el sendero para llegar a un palacio subterráneo de ríos azules, formaciones plateadas y un silencio perfecto. Salimos de Cancún y en menos de una hora nos encontrábamos en una de las entradas de la selva maya, hogar de especies endémicas y en donde todos los árboles son hermanos.
Abordamos un Unimog, mejor conocido como vehículo todo terreno. Sin duda tenía que ser todo terreno, puesto que el camino no tiene rastro de influencia humana, no hay empedrado, ni adoquín y mucho menos pavimentación, nada a lo que estamos acostumbrados en nuestros entornos cosmopolitas. En ese momento supimos que olvidaríamos nuestras agitadas vidas y nos fundiríamos con la naturaleza.
Después de un recorrido de 20 minutos a través de la selva, llegamos a una explanada. Un guía nos dio la bienvenida y nos proporcionó el equipo necesario para garantizar nuestra seguridad y comodidad. Para descender al Río Secreto, no se requiere de mucho: Un casco con linterna, un traje de neopreno y unos zapatos antiderrapantes. Caminamos un poco más y mientras observábamos con curiosidad la extraña vegetación e insectos de todo tipo, muy pronto nos dimos cuenta que la selva nos recibía como si fuéramos parte de su infinito ecosistema.
Llegamos hasta un pequeño orificio en el suelo que parecía no tener fondo. Nuestro guía nos platicó el descubrimiento casual de este tesoro espeleológico “Don Cleo, dueño de la parcela, estaba limpiando su terreno cuando vio a una iguana e intentó atraparla para la cena de ese día. Escarbó un poco en busca del reptil y cuando oyó caer algunas rocas varios metros hacia adentro, supo que había un vacío extraño”, nos relataba con emoción como si él también tuviera alguna porción de la cueva.
Continuará…






